martes, 5 de octubre de 2010
fatal lance -de mi persona- a lo patético
Sara.
Mariano (50) despierta en una habitación pequeña, en una cama de 1 plaza. Al levantarse derrama el vino que quedaba en una copa. Hay 2 botellas vacías de vino en el velador. Sentado en la cama, mira alrededor y se toma la cabeza con expresión de dolor. Busca un cigarro en una cajetilla que está en el velador, pero no encuentra ninguno. Lleva calzoncillos, se para de la cama y recoge unos pantalones viejos que están tirados en el piso. Aparece, ya vestido, en una sala que sólo tiene cajas. Toma un cuchillo y abre una, de la que saca 2 pares de zapatos. Abre otra, de la que saca camisas y pantalones, abre otra y saca una libreta nueva, unas carpetas y un lápiz. Abre otra y saca una armónica y un perfume. Mete todo en una maleta que saca del closet. Saca una hoja de un cuaderno que hay sobre el mesón. Escribe “Las cajas son para botar o regalar”. Da un vistazo general a esa pequeña sala-cocina, mira las cajas, toma la maleta y abre la puerta.
Mariano corre por el aeropuerto, que se encuentra bastante congestionado, choca con un par de personas y sigue corriendo. Se encuentra con una fila muy larga. Delante de él hay una mujer muy guapa. Mariano la mira por largos segundos, ella lo ignora.
Sentado junto a la ventana se encuentra Mariano. Pasa una azafata. Mariano le hace un gesto y ella se acerca a él. La azafata le trae una cerveza luego de un rato. Mariano le mira el escote. Mariano bebe su cerveza, mientras mira a 2 niñas de unos asientos de adelante pelear. El papá intenta separarlas y tranquilizarlas.
[FLASHBACK] Mariano (38) está en una fiesta de niños, una mujer (35) le toma la mano y comienzan a cantar “cumpleaños feliz” a 2 gemelas. Son 8 velas. Cuando termina la canción Mariano abraza a una y luego a la otra y les dice “feliz cumpleaños pequeñas”, besa a su mujer, pero pronto debe ir a separar a las 2 niñas, que pelan por el trozo de torta con la cara de la princesa. [FIN FLASHBACK]
Mariano despierta de golpe en el avión, por la voz del piloto anunciando la llegada a Madrid. Mientras suena el comunicado en inglés, Mariano observa cómo todos comienzan a sacar sus celulares y a encenderlos. Saca de su maletín la libreta y el lápiz. Desenvuelve la libreta del plástico en el que viene. Anota en la primera página su nombre (Mariano Fernández) y luego escribe: “comprar celular”
Mariano va en un taxi. El taxista (56) lo mira por el espejo retrovisor y le pregunta de dónde es. Mariano esboza una sonrisa. Comienzan a hablar de Chile, el taxista le cuenta que vivió unos años allí. Luego Mariano le cuenta que se viene a vivir a España tras su divorcio. Conversan fluidamente hasta que la llegada a destino los obliga a detenerse.
Mariano está en una oficina, con el número 54 de atención. Van en el 23. La pareja de al lado sostiene una discusión sobre la propiedad que desean adquirir. Mariano se mantiene atento a la situación. No logran ponerse de acuerdo y ella se va del lugar. Él la sigue. Mariano comenta la situación con el hombre (37) que está al otro lado de él. Cuando lo llaman, Mariano le pide que le deje el diario. Lo lee un rato.
Desde un escritorio llaman: “número 54”. Mariano se sienta frente al escritorio de una joven ejecutiva, Sara (30), que viste de rojo. Estrechan las manos, Mariano sostiene su mano más de lo adecuado, mirándola, ella retira bruscamente su mano con el ceño algo fruncido. Se sientan. Mariano se queda mirándola un rato más, sin decir nada. Al ver que ella está incómoda por la situación, comienza a explicarle que ha llamado desde Chile y que desea ver el departamento del que le hablaban. Ella se limita a preguntarle el nombre y teclearlo en el computador. Mientras ve cosas en pantalla, Mariano la mira atentamente, mira la trenza larga de pelo rojizo que lleva, le mira las manos, el ruido a su alrededor desaparece y se queda todo en absoluto silencio mientras ella mueve papeles y le pide otros, que él saca de su carpeta de forma mecánica, con la mirada perdida. El silencio se mantiene hasta que ella agita su mano frente a él, le devuelve una ruma de papeles sobre exámenes, unos diarios, etc. Casi se logra ver una sonrisa en el rostro de Sara, pero se apresura en decirle que si quiere verlo hoy, tendrá que ser rápido.
Ascensor, ella presiona el -2. Van en silencio todo el tiempo. A ratos Mariano la mira por el espejo del ascensor. Ella le ignora todo el tiempo, sólo mira la maleta de Mariano. Llegan al -2 y caminan un rato por el subterráneo. Él avanza un poco atrás, ya que ella camina rápidamente. Mariano mira atentamente los pies de Sara. Parece hipnotizado por el sonido de sus tacos, nuevamente queda en blanco observándola. Sólo se escuchan sus tacos y sólo se ven sus pasos. Ella lo mira sobre el hombro, sonríe y le indica un Fiat 600 muy antiguo color verde limón. Ella se sube y le abre la puerta desde adentro.
Van en silencio en el auto, ni la radio suena. Él intenta una conversación, ella no muestra interés. Luego, intenta nuevamente iniciar conversación en un semáforo en rojo. Esta vez conversan un poco sobre el departamento y los asuntos administrativos de la compra.
Caminan por una calle concurrida. Llegan a una esquina donde hay una tienda de ropa de piel. Sara le indica con la mano el 5to y último piso y le pide que suban. Mariano asiente aun mirando hacia las ventanas del departamento. Antes de subir, Sara le explica a Mariano el monumento (Puerta de Toledo) que se encuentra al frente.
Entran a un departamento antiguo, de cielo alto, blanco. La sala es amplia, ocupada sólo por dos sillones. Dos enormes ventanales dejan entrar la luz del sol. Mariano inmediatamente se dirige a una de las ventanas, la voz de Sara, que explica y explica cosas de la compra, de los muebles incluidos, de la entrega inmediata, del precio, de las garantías, de a poco se va desvaneciendo. Sara da muchas vueltas, saca unos papeles. Mariano está congelado frente a la ventana. Sólo se escucha y se ve al pajarito que está justo frente e él. Mariano vuelve de golpe a la realidad cuando Sara se para al lado de él y le indica una calle cercana, que es donde vive. Le habla del barrio, de la gente, del tráfico. Mariano, mientras, sueña despierto. [Sueño] Sara está bajo la Puerta de Toledo, bailando al ritmo que Mariano silba. Aparece un heladero y Mariano compra un helado, que luego comparten mientras observan la vitrina de abrigos de piel. [Fin sueño] Mariano le pide a Sara que vayan a buscar su maleta, que está en el auto de ella, para dejarla en el departamento, porque ha decidido quedarse.
Es de noche. Mariano entra a su nuevo departamento con unas bolsas, las arroja sobre el suelo y se sienta un segundo en el sillón. Saca su libreta y borra “comprar celular”. Anota el número que casi se ha borrado de su mano “Sara
Mariano ha puesto el sillón frente a la ventana. Está sentado tomando desayuno. Un café y chocolates. Tiene la libreta abierta, puesta en el borde de la ventana. La hoja está en blanco. Toma el lápiz con mucha energía y se dispone a escribir, pero finalmente no escribe nada y sólo queda un punto marcado en la página. Va a una de las bolsas y saca una caja. Se sienta en el sillón nuevamente y abre la caja, mira el celular que viene en el interior, lo examina, ve el manual, lo prende y se va a un juego.
Mariano está en un elegante restaurant comiendo solo. Está molesto con el mesero, ya que su pedido se ha demorado más de lo que debería y alega que ya no le quedará vino para la comida. Come, con el seño fruncido, una lasaña. [Recuerdo] Mariano (45) está sentado solo a la mesa, con un delantal de cocina y una fuente de lasaña cocinada por él. La mesa está servida para dos. Se ha bebido el vino y tiene el celular a su lado. De pronto llega su mujer, disculpándose por la demora. Él le grita, arroja la lasaña contra el suelo, mientras ella llora. Luego toma el celular y lo tira por la ventana. Sale dando un portazo. [Fin recuerdo] El mesero llega y le ofrece un postre por cuenta de la casa, por la demora. Mariano disfruta un tiramisú, sonríe al probarlo. Saca su libreta y anota “Tiramisú”. Sale del restaurant y camina hacia su departamento. Observa vitrinas, un par de veces se cruza con mujeres atractivas. Todas lo ignoran.
Sube las escaleras mientras escucha la voz de Sara hablándole del restaurant al que acaba de ir. Apresuradamente abre la puerta, busca rápidamente la libreta, teclea el número de Sara en el celular. Contesta un hombre, que le dice que se ha equivocado de número. Vuelve a marcar y contesta Sara. Mariano se queda en silencio, mientras mira desesperadamente a todos lados de la habitación. Respira agitadamente. Se tapa los ojos con la mano libre, carraspea y dice tartamudeando y titubeante “Eh… ¿Sara?”
Suena un timbre. Sara abre la puerta. Está Mariano en su puerta, con una fuente de tiramisú en las manos. Ella se muestra sorprendida por el regalo, lo invita a pasar y guarda la fuente en el refrigerador. Le dice que debe esperar una llamada de trabajo, por lo que no pueden salir aún. Mariano responde que no le importa esperar comiendo el postre que ha traído. Están sentados en la terraza, mirando el atardecer en dirección al departamento de Mariano, comiendo tiramisú. Beben una botella de vino blanco. Se hace de noche y siguen comiendo, riendo y conversando de comida, de Madrid, de música y de su pasado laboral. Cuando Sara comenta que su madre era chilena y se llamaba Josefina Gatica, Mariano se va al baño. Vuelve apurado y se excusa de irse, diciendo que es muy tarde, que el tour tendrá que quedar para otro día.
Mariano está en su cama. Da muchas vueltas y no puede dormir. [Recuerdo] Mariano (18) discute con una mujer, Josefina (20- pelirroja), que alega que se va a España, con o sin él. Él le dice que se quede, que criarán al bebé juntos, pero que no se irá. Ella llora y repite que no hay nada, ni bebé, ni amor, ni nada, que se va. Mariano sentencia que es ella la que debe decidir, y se va. [fin recuerdo] Sigue dando vueltas en la cama, se toma la cabeza. Se levanta. Toma un vaso de agua en el baño, se moja la cara, se mira al espejo y dice “no puede ser”.
Mariano camina por el departamento, fuma un cigarro, da vueltas y vueltas. Toma la libreta escribe “Sara:” y luego lo tacha. Toma el celular, busca el contacto, presiona “llamar” e inmediatamente presiona “cortar”. Tira el celular a la cama. Va por él, borra el contacto “Sara”. Toma las llaves y sale del departamento. Mariano va por el supermercado. Compra muchas cosas. Destacan muchas botellas de vino y varias revistas. Ve los avisos clasificados en el mural. Anota un par de números de trabajos part time en su libreta. Vuelve a casa, deja las cosas y sale nuevamente. Mariano llega al departamento con una tele, que instala frente al sillón de la ventana.
Mariano tiene barba de varios días, a su alrededor hay muchos papeles arrugados y botellas de vino vacías. En su libreta sólo hay un título: “Prohibición por sangre”.
Pasan los días: Mariano se sienta a ver televisión, Mariano cocina, Mariano intenta escribir, Mariano desayuna frente a la TV, Mariano sale a comprar. Mariano está comiendo lasaña en el restaurant, Mariano está mirando el atardecer, Mariano da vueltas en su cama, Mariano come tiramisú.
Es tarde, Mariano camina a su departamento, pasa por la Puerta de Toledo. Se queda un momento contemplándola [imagina] Mariano y Sara se besan bajo la puerta de Toledo [fin de lo que imagina]. Niega con la cabeza lo que imagina, se presiona los ojos y se dice “¡no huevón!”. Sigue caminando y pasa por la tienda de ropa de piel. Entra y toca las pieles. Compra unos guantes de mujer. Llega a casa y escribe una nota “recuerdo que me dijiste que te gustaban. Con cariño, Mariano”. La lee detenidamente una y otra vez y termina arrojándola al suelo, donde se encuentra con el resto de bolas de papel. Se sienta, prende la televisión. Escribe otra “ya que viene el frío, y dijiste que te gustaban, te compré estos guantes. Fraternalmente, Mariano”. Al leer la nota, pone cara de desagrado pero se rinde con un suspiro, deja todo sobre la mesa y se va a la habitación. Cuando está lavándose los dientes, suena el celular. Pone cara de espanto. Contesta. Dice que ha estado ocupado acomodándose, que por eso no había llamado.
El departamento está muy ordenado, hay flores en el florero. La cocina está llena de ollas sucias y fuentes llenas de comida y postres. Prueba de todo un poco, corre al horno a sacar otra cosa, lava la loza, pone la mesa. Se ducha, ve su perfume, lo toma, lo mira y decide no ponerse. Suena el timbre, Mariano suspira y abre la puerta. Saluda a Sara con un beso en la mejilla. Ella lleva puesto un vestido seductor y tiene el pelo suelto. Mariano la hace pasar. Camina detrás mientras ella habla de lo bien que tiene el departamento, de que estaba preocupada por él, etc. Él va con los ojos cerrados, respirando profundamente, siguiendo su trayectoria y sonriendo. Mariano le da los guantes, le pide que no mal interprete el regalo, que lo hace sólo como amigo.
Están sentados a la mesa, ella coquetea con él, pero Mariano se muestra cortante y serio. Durante la cena, le ofrece constantemente comida para cambiar de tema. [Fantasía de Mariano]: Sara está sentada sobre sus piernas, le da tiramisú en la boca y le susurra cosas al oído. Mariano está feliz oliendo su pelo, acariciándole la cara y ella lo besa [fin fantasía] Ella le comenta lo distraído que suele ser cuando conversan y él le dice que está algo cansado, que será mejor que se vaya.
Mariano está en la ducha, le da al agua fría, sale del baño, suena su celular. Un mensaje de Sara que dice: “Buena cena hemos tenido, espero la repitamos pronto, besos”. Luego de leerlo, tira el celular lejos y se mete a la cama, cierra los ojos. Abre los ojos, sale de la cama, toma el celular y le escribe un mensaje “deberíamos dar un paseo, por la mañana, cuando puedas”. Se acuesta y se duerme.
Mariano camina con Sara por una plaza. Le compra un helado.
Mariano habla por teléfono con Sara, quedan de verse a las 21 hrs en el restaurant “Los Caracoles”. Mariano sale de “Los caracoles” con Sara. Mariano está frente al edificio de Sara, se besan en la mejilla para despedirse. Ella queda mirándolo mucho rato, luego entra.
Mariano está solo en su departamento. Suena el timbre. Es un viejo amigo, Carlos (55). Se dan un largo abrazo y comentan, riendo, lo mucho que ha pasado el tiempo en ellos. Están sentados a la mesa, comiendo. Conversan sobre el divorcio de Carlos con su mujer, luego del divorcio de Mariano. Se ríen de sus vidas. Beben cervezas. Mariano le cuenta que está locamente enamorado de Sara, pero que ésta, aparentemente, es hija de Josefina, la polola que tuvo hace 30 años y que desapareció de su vida de pronto. Carlos le aconseja que no le diga nada, que se siga acercando a ella como lo ha estado haciendo, que no se deje seducir, mal que mal, es su hija. Luego salen a un bar.
Mariano, ya muy ebrio, comienza a seducir a una mujer (45, francesa). Conversan, ríen, cantan. Mariano la besa en un pasillo del bar, comienza a escucharse la voz de Sara. [Fantasía de Mariano] la francesa se transforma en Sara, Mariano le acaricia el pelo y la besa [fin de la fantasía] Mariano aleja de golpe a la mujer y va al baño a vomitar. Llega en un taxi a su casa, sube las escaleras tropezando y, llorando, antes de abrir la puerta del departamento se sienta en ella y, con dificultad, escribe un mensaje de texto a Sara.
Mariano despierta de golpe. Cierra los ojos porque la luz de la ventana le duele. Se levanta a cerrar las cortinas y se acuesta al revés en la cama. De pronto abre mucho los ojos, impresionado, corre a buscar el celular que quedó al lado de la puerta y lee el mensaje que le escribió a Sara : “Sal de mi mente”. Aún con el celular en una mano y la otra en la cabeza, se lamenta. El celular le vibra en la mano. “Sara”. No le contesta. Ella llama nuevamente. Le contesta. Ella le dice que tienen que hablar, que irá a visitarlo en la noche.
Mariano abre la puerta, Sara está hermosa. Mariano baja la mirada y le dice que lo siente. Ella se ríe de la situación, y se mofa de que un hombre a su edad ande ebrio a esas horas de la noche y mandándole mensajes a jóvenes agentes de venta como ella. Mariano la invita a pasar, ella le muestra lo que ha traído, tequila. Entre trago y trago ríen, conversan, confiesan cosas. Ella le dice que tiene ganas de salir a bailar.
Mariano está en la barra de un bar. Mira a Sara bailar en un grupo de mujeres. Bebe mientras Sara, ahora, baila con un hombre (34) que la ha sacado a bailar. Sara baila provocativamente con el hombre y mira de reojo a Mariano, que termina su trago y va, enfurecido, a sacar al tipo que baila con ella, de un empujón. El hombre vuelve enojado donde él, le pregunta qué le pasa, qué si acaso es el papá de ella que la controla. Sara le pide que se vaya y se ríe a carcajadas. Sara le dice que no lo entiende, que se va y que no quiere verlo más. Mariano sale tras ella. Caminan discutiendo. Llegan a la puerta del edificio de Sara. Ella le dice que suba, o que se olvide de ella. Él se queda mirando el suelo. Sara le pega con la cartera y le grita “¡Jódete!”
Mariano camina a su departamento. [flashbacks] Sara disfruta de un plato que Mariano le ha preparado. Sara y Mariano caminan por una calle hablando de conspiraciones. Sara se trenza el pelo mientras le habla de la mejor receta para preparar paella.[fin flashbacks]. Sigue caminando. Se da media vuelta y se agarra con violencia la cara. Tambalea, el mundo da mil vueltas a su alrededor. Da media vuelta y se dirige a su departamento, caminando y tropezando a ratos.
Mariano llega al departamento. Tras cerrar la puerta se sienta apoyado en ella y solloza. Busca desesperado un cigarro en sus bolsillos. Encuentra uno, se pone de pie para ir por fuego a la cocina. En el trayecto suena el timbre. Abre la puerta, Sara le da una bofetada. Mariano la agarra de la cabeza y le reclama que ella nunca va entender nada. Ella se abalanza sobre él. Pasan así, juntos sin moverse unos segundos y comienzan a besarse. Muy lentamente avanzan besándose hacia la habitación y se pierden en la oscuridad del departamento.
Mariano despierta al lado de Sara. Reúne su ropa, la despierta, le da su ropa y le dice que tiene que irse, que no quiere verla, ni saber nada de ella. Y se mete a la ducha. Sara golpea la puerta, reclamándole que qué le pasa. Mariano se queda ahí encerrado hasta que ella sale.
El teléfono de Mariano suena todo el día por llamadas de Sara. Él contesta, ni sale de la casa. Carlos llega a verlo luego de una llamada telefónica. Mariano le cuenta lo que pasó, lo feliz que se sentía con ella, lo perturbado que se siente ahora, degenerado, asqueroso. Le jura a Carlos que por las gemelas nunca podría haber sentido algo así, que se siente enfermo. Carlos da vueltas por el departamento, se come las uñas, camina en círculos. Le dice que tiene que contarle a Sara, que eso es lo más sano. Mariano lo hace callar, lo trata de estúpido y le pide que se vaya, que necesita estar solo.
Mariano anota en su libreta hojas y hojas. No se detiene ni borra nada. Es la mañana y está escribiendo. Es el atardecer y sigue escribiendo. Cuando termina, toma todas las hojas y las arranca de la libreta. Las mete en un sobre.
Va al departamento de Sara y tira el sobre bajo la puerta. Corre a su casa.
La televisión está encendida, pero en mudo, cuando Mariano cocina, más tarde, está encendida mientras Mariano duerme. Mariano ve la tele en mudo. Se ríe con la tele, fuma cigarros y mira el celular, que no tiene nada más que la hora. Al atardecer, Mariano toma su libreta y ve los números de ofertas de trabajo que hay en ella. Marca uno de ellos, al decir su edad, la conversación acaba. Eso sucede de nuevo. Y una tercera vez. Deja el teléfono. Va por un café a la cocina. Desde allí llama a Carlos, le dice que quiere algún trabajo, que le dé algo en su empresa, sino se volverá loco encerrado pensando en Sara.
Un día que Mariano llega cargado de bolsas del supermercado, ve un sobre tirado bajo su puerta. Deja las cosas en el suelo y , agitado, se sienta a leer un papel. La carta está en blanco, excepto por la esquina inferior derecha, en donde dice: “no sé qué se supone que diga frente a tanto. Quiero una prueba de ADN.”
Mariano y Sara se encuentran en el hospital. Sara le estrecha la mano, no le mira a la cara. Mariano tampoco. Pasa Sara primero a la sala de extracción de sangre. Sale, dice adiós en voz baja y se va. Llaman a Mariano, que está mirando fijamente los tacos de Sara al caminar. Mariano tiene el brazo extendido, con un parche en el brazo. Conversa con la enfermera por un rato, sobre el plazo de la entrega de los exámenes, la fidelidad de ellos y los procedimientos a seguir luego de la toma de muestras.
Mariano y Carlos caminan por una calle concurrida. Mariano abre un sobre mientras se toman un café. Mariano lo lee y le dice “Por eso se vino la huevona po, no era mío. Puta la hueva” Carlos le pregunta qué pasa ahora con Sara. Mariano lo mira sorprendido, toma el celular y llama a Sara.
No le contesta, por lo que corre a la agencia en donde la conoció. Llega y toma un número. Espera caminando en círculos. Sara no hace contacto visual con él. Mariano se come las uñas, se arregla el pelo y ríe solo. Cuando llaman al 23, que es el número que tiene, desde otro escritorio, dice que necesita hablar con Sara, que pase el siguiente. Se sienta. Tiene los ojos brillosos y está muy inquieto. Ella lo mira, alza una ceja y le dice que cuando leyó la carta supo inmediatamente que él no era su papa, ya que conocía la historia desde el lado de su mamá, que eran muy amigas y, al parecer, parecidas. Ríe y llama al siguiente número. Mariano se va, sonriente.